3 de junio de 2026
Desde hace más de 100 años, GEA desarrolla tecnologías para la ganadería lechera, desde las primeras máquinas de ordeño con cubos hasta los sistemas autónomos y conectados digitalmente. Estas innovaciones han transformado radicalmente la ganadería lechera: se ha pasado de rutinas que exigían mucha mano de obra a una mayor productividad, un mejor bienestar animal y unas operaciones diarias más eficientes.

Hace tan solo tres generaciones, un ganadero lechero acudía al establo cada mañana antes del amanecer y de nuevo cada tarde. Un taburete para sentarse y un cubo en la mano. Vaca por vaca. Hora tras hora. Mientras que antes el trabajo manual era la norma, hoy en día los robots y los teléfonos inteligentes facilitan los procesos de la granja. La gestión de rebaños se ha digitalizado y el ordeño y la alimentación están totalmente automatizados, lo que ofrece a los ganaderos una mayor flexibilidad a la hora de organizar sus rutinas diarias. Entre estos dos mundos se extienden 100 años de innovación. Y justo en medio de todo ello: GEA.
Durante un siglo, GEA ha acompañado a las explotaciones lecheras en este camino. Todo comenzó en 1926 con una sencilla máquina de ordeño con cubo. En la actualidad, GEA ofrece una gama de vanguardia de robots de ordeño y alimentación, soluciones para la gestión del estiércol, sistemas digitales de gestión de rebaños y herramientas de análisis basadas en IA que utilizan los ganaderos de todo el mundo. Una historia de éxito que no se gestó en el tablero de dibujo, sino junto a los ganaderos.
Los orígenes de este avance se remontan incluso a antes de la tecnología de ordeño de GEA. En 1893, los cuñados Franz Ramesohl y Franz Schmidt fundaron una empresa en Oelde, en la región de Westfalia, Alemania. Allí fabricaron las primeras centrífugas manuales para desnatar la leche. De este humilde taller surgió Westfalia Separator AG, que posteriormente fue adquirida por el Grupo GEA en 1994.
En la década de 1920, cuando la mayor parte de la leche aún se procesaba directamente en la granja, los dos inventores de Westfalia sabían de primera mano lo que suponía el ordeño manual: un gran desgaste físico, una tarea que requería mucho tiempo y que era propensa a errores. Otros ya habían intentado encontrar soluciones; así lo atestiguan numerosas patentes de principios del siglo XX. Aunque la mayoría de las máquinas podían extraer leche, no eran capaces de ordeñar a una vaca con la misma eficacia ni delicadeza que un ordeñador con experiencia.
Eso cambió unos años más tarde con la llegada de los sistemas de ordeño con cubos. En 1926, Westfalia Separator lanzó su primer modelo listo para la producción: cuatro pezoneras independientes, vacío y pulsación, un sistema que, por primera vez, era capaz de imitar la succión de un ternero (véase la imagen superior). Este sencillo principio sigue siendo la base de toda la tecnología de ordeño actual.
Aunque el sistema de cubos supuso un avance, el ordeño seguía siendo un trabajo agotador. Llevando cubos de vaca en vaca, agachándose para ordeñar, vaciando los cubos... una y otra vez. El siguiente avance se produjo en 1941: el primer sistema de ordeño por tubos, que transportaba la leche fresca directamente por un sistema cerrado hasta un tanque de recogida. Hizo que el ordeño fuera más limpio, higiénico y rápido. Y tenía capacidad para doce vacas a la vez.

A partir de 1941, se empezaron a introducir en las granjas los primeros sistemas permanentes de ordeño por tubos. Estos se convirtieron en salas de ordeño con fosos prácticos y ergonómicos, lo que permitía a los ganaderos acceder fácilmente al ordeñador mientras este se encuentra sobre la vaca, como se observa en esta sala de ordeño en tándem.
Lo que vino a continuación fue el desarrollo sistemático de la sala de ordeño: animales que encontraban su propio lugar, plataformas de trabajo ergonómicas para los ordeñadores y pasillos bien diseñados para minimizar el estrés tanto de personas como de vacas. Las configuraciones en tándem, en espina de pescado o en plazas contiguas ofrecían diversas opciones a los ganaderos, adaptándose al tamaño de la explotación y a las necesidades de espacio de cada uno. La sala de ordeño se convirtió en el elemento central de la arquitectura moderna de las estabulaciones.
Sin embargo, a medida que el tamaño de los rebaños fue aumentando —de cientos a, en ocasiones, miles de cabezas—, la sala de ordeño tradicional llegó a sus límites.
En 1970, GEA presentó ROTOMELK, el primer carrusel de ordeño de la empresa, lo que eliminó la necesidad de que el ordeñador tuviera que acercarse a cada vaca. En cambio, la plataforma, que giraba lentamente, llevaba a cada animal hasta la máquina de ordeño. Para los productores, esto se tradujo en menos desplazamientos, un ordeño más rápido, un mayor rendimiento y una rutina de ordeño más regular.
En la actualidad, GEA ofrece carruseles con entre 28 y 120 estabulaciones, cada uno de ellos diseñado a medida para satisfacer las necesidades específicas de cada granja. En explotaciones a gran escala de toda Europa, América del Norte, Asia y Oriente Medio, constituyen la columna vertebral de una producción lechera altamente eficiente.
Sin embargo, hay una premisa fundamental que no ha cambiado: Una buena gestión ganadera es un requisito imprescindible, no una opción. Tanto entonces como ahora, unos animales tranquilos, un entorno de ordeño limpio y unos procesos simplificados dan los mejores resultados. Una vaca estresada produce menos leche; una vaca enferma aumenta los costes. Por otra parte, los movimientos innecesarios y el esfuerzo físico en el establo suponen una carga para los trabajadores.

Los carruseles de ordeño como el GEA DairyRotor se están convirtiendo en el elemento central del diseño de las estabulaciones modernas. Esta solución eficaz está disponible tanto para explotaciones que utilizan el ordeño manual como para aquellas que cuentan con estaciones de ordeño totalmente automáticas.
Durante años, se consideró una tarea casi imposible: ¿Podría una máquina colocar de forma autónoma un dispositivo de ordeño a una vaca, teniendo en cuenta que cada una tiene una forma corporal y un temperamento diferentes, además de unas ubres en constante cambio? Tras un laborioso trabajo de desarrollo, la tecnología láser resultó ser clave, ya que permitió que cada pezaonera encontrara su pezón de forma precisa, suave y fiable.
Los primeros prototipos fracasaron debido a su complejidad y elevado coste. Pero en 2008 se produjo el gran avance. En la actualidad, el GEA DairyRobot es un sistema de ordeño totalmente automático que se puede utilizar de forma flexible, tanto en estabulaciones de ordeño individuales como en un sistema de ordeño rotativo.
El robot de ordeño ha revolucionado la explotación lechera. Se realiza el monitoreo continuo de cada animal, que es supervisado y cuidado (por ejemplo, se limpian y revisan las pezuñas y los pezones, y se les da de comer) y se documenta. En función de sus preferencias operativas, los ganaderos pueden optar por dos métodos: el ordeño en estabulación libre, en que el proceso es totalmente autónomo y la vaca acude cuando lo desea. O el ordeño por lotes, en que el robot realiza el ordeño automático de grupos enteros de animales a horas fijas.
La automatización libera a los ganaderos de tareas que antes eran impensables: tiempo libre por las tardes, unas vacaciones con la familia y, sobre todo, tiempo para seguir desarrollando su granja y realizar la supervisión de sus animales.
La granja lechera sigue siendo un trabajo que se realiza los 365 días del año, las 24 horas del día. Sin embargo, el robot ha cambiado radicalmente la forma en que se distribuyen esas horas.

En la actualidad, GEA utiliza una cámara de tiempo de vuelo (ToF) en su DairyRobot. Esta tecnología de cámara 3D permite una detección precisa de los pezones, lo que se traduce en una colocación exacta de las pezoneras por parte del brazo robótico.
Los sistemas modernos de ordeño ya son parte integrante de las granjas lecheras. La última tendencia en innovación gira en torno a los datos y a lo que se puede hacer con ellos para mejorar los resultados en la granja.
Ya en la década de 1980, GEA utilizaba chips RFID para la identificación de animales y la recopilación de datos (por ejemplo, la calidad de la leche y el rendimiento) en la sala de ordeño. A lo largo de las décadas, esto se ha convertido en un sofisticado ecosistema digital: Por ejemplo, GEA DairyNet conecta los robots de ordeño, los sistemas de alimentación y la gestión de rebaños en una sola plataforma.
Dr. Andreas Seeringer
CEO de GEA Farm Technologies
El sistema de sensores GEA CowScout realiza la supervisión de la posición y actividad de cada animal, incluso fuera de la sala de ordeño, las 24 horas del día: detección del celo, fase de lactancia y estado de salud. Cada uno de estos importantes parámetros se consolida en tiempo real. Ningún animal se pierde. No se pasa por alto ninguna alarma.
Con la adquisición de la startup irlandesa CattleEye en 2024, los ganaderos disponen ahora de un nuevo nivel de atención al rebaño. Mediante inteligencia artificial basada en cámaras, CattleEye detecta la cojera en sus primeras fases, antes de que los humanos puedan apreciarla a simple vista. Esto significa que el tratamiento puede iniciarse antes, se minimiza el sufrimiento de las vacas y se reducen o se evitan por completo los costes de seguimiento.
Belfast, Irlanda, es también la sede del centro de desarrollo de software que GEA acaba de inaugurar, donde explorará nuevas oportunidades técnicas con CattleEye, incluida una mayor integración de la IA.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la producción mundial de leche asciende a casi 1000 millones de toneladas al año, y la leche de vaca representa entre el 80 % y el 85 % de ese total. Y la demanda está aumentando, impulsada principalmente por el crecimiento demográfico y la expansión de la clase media en Asia, sobre todo en la India y Pakistán.
Sin embargo, la leche es mucho más que un simple producto. Se trata de un alimento básico con una densidad nutricional excepcional. No tiene rival en cuanto a versatilidad; cada día se transforma en miles de productos diferentes que forman parte de nuestra cultura y gozan de gran popularidad.
Las operaciones que garantizan este suministro son cada vez más grandes, más profesionales y requieren una mayor inversión de capital. Esto incluye las granjas familiares que conviven con las explotaciones industriales en Europa, Estados Unidos, Asia y Oriente Medio. En la provincia argelina de Adrar, por ejemplo, GEA está colaborando en la construcción del complejo lechero integrado más grande del mundo, que incluye una granja lechera y una planta de procesado de leche en polvo. Las nuevas instalaciones contribuyen al objetivo de Argelia de alcanzar una mayor autosuficiencia alimentaria. Ya sean pequeñas, grandes o de tamaño intermedio, GEA ayuda a las explotaciones lecheras a satisfacer cada día la creciente demanda de leche.
Dr. Andreas Seeringer
CEO de GEA Farm Technologies

La sostenibilidad en la agricultura significa viabilidad futura, tanto desde el punto de vista económico como tecnológico. La tecnología moderna de ordeño, como el GEA DairyRobot, hace que la ganadería lechera sea más eficiente, predecible y atractiva para los jóvenes ganaderos.
En el sector agrícola, la sostenibilidad es una cuestión vital. Una granja que no funciona de manera eficiente deja de existir. Un sector que no consigue atraer a los jóvenes está condenado a desaparecer. La tecnología desempeña un papel decisivo en este ámbito. Gracias a la combinación de automatización y análisis de datos, GEA marca una diferencia decisiva para los ganaderos. El trabajo en la granja lechera es ahora más sencillo, más predecible y considerablemente más atractivo para la próxima generación.
Al mismo tiempo, el cambio climático plantea nuevos retos. La escasez de agua, los fenómenos meteorológicos extremos y la volatilidad de los mercados suponen una amenaza para este importante sector. Las tecnologías modernas, como los sistemas de limpieza que ahorran agua, las soluciones de circuito cerrado y la gestión digital de las granjas, hacen que las operaciones sean más resilientes.
El paso del sistema de ordeño con cubos al sistema robótico basado en IA constituye una de las transformaciones más notables de la industria alimentaria. El resultado es que cada día se alimenta a millones de personas.
A lo largo de este proceso, GEA también ha introducido innovaciones destinadas a fomentar prácticas más sostenibles en la granja lechera. Desde robots de alimentación que reducen el desperdicio de pienso, pasando por arrobaderas automáticas de estiércol que reducen las emisiones de las estabulaciones y evitan la escorrentía, hasta soluciones más inteligentes para reducir el consumo de agua dulce durante los procesos de limpieza. Pero GEA no emprendió este camino en solitario. Cada avance surgió del diálogo con los ganaderos, que sabían lo que necesitaban, y de una empresa que les escuchó y se los proporcionó.
Dr. Andreas Seeringer
CEO de GEA Farm Technologies
El resultado de ese diálogo fue algo sencillo y duradero: un triángulo formado por las personas, animales y tecnología: Los ganaderos que asumen el peso de las decisiones y las consecuencias del día a día. Los animales, cuyo bienestar constituye el núcleo mismo de nuestra actividad. Y la tecnología que une a ambos.
GEA es ese puente. En primer lugar, como fabricante de máquinas que transformaron el trabajo manual en un proceso fiable. Además, como innovador digital que llevó la inteligencia al interior de las granjas. Y somos socios en algo aún más urgente: un futuro en que merezca la pena heredar la agricultura. Un lugar donde la próxima generación no solo tenga que tomar el relevo, sino que desee hacerlo.
Ese futuro se está construyendo hoy, conversación a conversación.